Te llega un email de Recursos Humanos. El asunto del email dice: “Gracias por tu esfuerzo, esperamos que lo disfrutes”. No esperás un segundo para abrirlo y empezar a leer.

El texto dice que por haber superado ampliamente los objetivos del año, la empresa ha decidido otorgar un premio extraordinario equivalente a 5 sueldos,  más 2 semanas adicionales de vacaciones para todos sus empleados.

Estallás de alegría. No lo podés creer. Le preguntás a tus compañeros y ¡es cierto! ¡Qué lindas son las sorpresas!

Bueno…no maten al mensajero, pero sacando estas raras excepciones, a tu cerebro NO le gustan las sorpresas.

Una necesidad humana

Hace más de medio siglo que venimos hablando de la palabra CERTIDUMBRE, es decir, tener la capacidad de predecir con cierto grado de exactitud lo que va a pasar. Saber qué va a pasar nos brinda tranquilidad. No saber qué va a pasar nos hace sentir ansiosos, estresados.

Hay una explicación evolutiva para este fenómeno. La certidumbre nos hace ahorrar recursos mentales. No es necesario pensar tanto para actuar. En cambio el exceso de lo nuevo abruma a nuestro cerebro.

Sin ir a las grandes cosas pensemos en unos ejemplos básicos: ¿cómo sería tu vida si cada vez que abrieses el home-banking el saldo cambiase? ¿cómo harías para ir a trabajar si los colectivos no hicieran el mismo recorrido? ¿cómo entrarías a tu correo si la contraseña cambiase todos los días?

Este tipo de sorpresas consumen una gran cantidad de energía y nos pasaríamos el día sólo resolviendo cuestiones básicas.

Premio al aburrido

La certidumbre atraviesa todo lo que uno hace y está directamente relacionado con el entorno en el que uno vive.

En el plano personal, creo que debemos recuperar el valor de las rutinas. Por lo general es un término que tiene mala fama. Pero creo que se pierde el enorme valor que tienen.

“La excelencia no es una acción, es un hábito”. No lo dije yo, sino Aristóteles. Tener rutinas de trabajo es CLAVE para tener éxito en cualquier cosa que uno haga: estudiar, trabajar, hacer deporte, comer sano, etc…Vivir caóticamente sin saber qué es lo que uno va a hacer parece divertido, pero para tu cerebro, creéme que no lo es.

En el plano organizacional, debemos trabajar fuertemente para proveer certidumbre en los equipos: objetivos claros, reglas de juego claras, premios y castigos claros, procedimientos claros, propósito y visión claros, etc… Las personas odian trabajar en contextos inciertos, porque eso no hace más que producir desmotivación y estrés.

En momentos en que las palabras INNOVACIÓN, AGILIDAD, DISRUPCIÓN, y tantas otras por el estilo están tan de moda, creo que también es importante recuperar el valor de la certidumbre. Y entender también que para innovar hace falta un cerebro sano que pueda pensar.


¿Te gustan las sorpresas? Te apuesto a que no…
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